lunes, 14 de octubre de 2013

Tangos de Palermo



Busqué el consuelo en besos vacíos y en un vaso de cerveza, mientras me metía en la maravilla de Buenos Aires, ya no con sus tangos de amores perdidos, de frac y sombrero, sino en la ilusión reconvertida en decoración, de aquellos años de gloria de una ciudad en nacimiento. Las plazas llenas de cerveza volcada y personas mostrando la categoría de su bolsillo. La caminata por calles silenciosas entre el estruendo de las avenidas, con sus luces y bares, me llenaba de nostalgias de brazos cruzados y compinches de una caminata de amor.
Terminamos en uno de esos recovecos de luces bajas y de objetos añejos restaurados con valor decorativo, una cerveza fría que buscaba hacer olvidar las penas de la vida y la música atronadora, que contraproducentemente, no se dejaba escuchar. Un beso y una caricia vacía buscaba despertar el fuego dormido de un ser que no busca consuelo barato y letargo nocturno. Un cuerpo que no busca las caricias de un día, sino la de unos meses, aunque sea una mentira dibujada de película, un consuelo de ilusión de posibilidades, del mero hecho de posibilidad, de autoengaño de amor y corazones rotos.

jueves, 10 de octubre de 2013

Pelusitas en la ventana

Llegó esa hora en el que el sol entra por la ventana y cada una de las pelusitas que hay en la habitación se reflejan danzando, aletargadas y perezosas. Me quedé hipnotizada, perdida en esa danza de interminables y pequeñas pelusitas , en su eterna e ininterrumpida caída. Moví una mano, avivando por un instante aquel letargo luminoso y las pelusitas salieron en un rapto vertiginoso disparadas y eufóricas, como asustadas por la irrupción, frenéticas pelusitas y unos segundos más tardes, la paz, el sopor, al sonido de los pajaritos...

domingo, 6 de octubre de 2013



Ya no tendré tus ojos y cada vez cuesta más la vida. Me dejás huérfana de música, a la deriva de una realidad que me ahoga con fantasmas nocturnos. Deambulo por la vida como si nada me llenara y las cosas pasaran por delante de mis ojos como el vientos, sin dejar huellas ni marcas que se aferren a un alma que se decolora cada día y cada hora. Estoy en sepia, y vuelvo a convertirme en la de antes, la que no me gusta, el ostracismo de mi personalidad me invade en casa o con amigos íntimos mientras que, delante de la gente hablo de más para que no se note esta pudrición interna que ocupa cada segundo de mi vida, cada espacio de mi alma.
Entonces, me doy cuenta que lo mejor que me sale es dormir. La realidad se hace más interesante y concuerda con mis deseos, muertos y secos en este desierto de verdad.

jueves, 3 de octubre de 2013

No [poder] querer más vivir sin saber qué vive en lugar mío ni escribir si
para herirme la vida toma formas tan extrañas.
A. Pizarnik